Encarando el pasado

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Roberta Bacic

preparado para Chile en marzo 2001 y actualizado en septiembre para Hamburg

Cuando hablamos de encarar/enfrentar el pasado, primero hemos de aclarar qué entendemos por ello. Luego de haber trabajado con familiares de víctimas de la represión política y tras haberla vivido personalmente, he llegado a la conclusión de que enfrentarse al pasado significa "aprender a vivir / sobreponerse / luchar" en el presente. En este contexto nuestras vidas personales y sociales se han visto marcadas por acontecimientos represivos que no elegimos, ni quisimos, ni provocamos. Igualmente hemos de sobreponernos al hecho de que son seres humanos los que cometieron estos abusos - generalmente en forma deliberada. El presente en el que vivimos está determinado por el pasado y tiene un impacto directo sobre el futuro. No sólo desde el punto de vista de lo que puede o va a ocurrir, sino también en la forma de buscar el significado de los acontecimientos y las cosas. En definitiva hemos de aprender a encarar el pasado en el presente y a conectarlo con el futuro.

Cuando la dictadura en Chile inició su transición hacia la democracia una de las tareas más importantes al enfrentarse al pasado fue la de develar la verdad. No obstante hemos de admitir que había muchas personas que se sentían incómodas con este proceso, personas que querían olvidar el pasado y centrarse en la construcción de un "nuevo" futuro. Pero no podemos empezar de cero. Es imposible ignorar el pasado porque lo que hemos vivido nos hace ser lo que somos y determina nuestra identidad.

Algunos principios generales que son relevantes y varios de los cuales se han convertido en universales en esta temática:

  • Se ha de develar la verdad sobre los abusos del pasado. Los informes realizados por las Comisiones de la Verdad nos pueden ser de utilidad para alcanzar este objetivo. Los resúmenes de estos informes nos pueden facilitar aún más esta labor.
  • Hemos de escuchar todas las voces que tienen algo que decir acerca de estos abusos si queremos enfrentar el pasado en forma seria y responsable.
  • Necesitamos restañar las heridas a todos los niveles, personales y sociales.
  • Existe mucha necesidad de reconocimiento a la hora de enfrentar los abusos: es preciso un reconocimiento público y general de lo ocurrido y no se puede caer en la negación.
  • El resarcimiento es importante para las víctimas al enfrentar el pasado, aunque en muchos casos esto sea una cuestión polémica.
  • Al hacer referencia al tema de la justicia emergen los temas de juicio y castigo. Desde mi experiencia, y la de muchos nosotros, la justicia es el único reconocimiento del pasado apropiado y la única forma de conseguirla reside en la individualización de las responsabilidades, no podemos declarar culpabilidades colectivas.

Existen tres razones fundamentales por las que hay que enfrentar el pasado:

  • Primero. Como sociedad civilizada hemos de reconocer el valor y la dignidad de las víctimas de los abusos del pasado. Si no enfrentamos lo que les ocurrió, en cierta medida estamos dando a entender que esas personas no importan, que sólo importa el futuro. Al mismo tiempo también las perpetuamos en su papel de víctimas, lo cual no ayuda ni a enfrentar el pasado ni a integrarlo en un presente que pueda proyectarse al futuro. Asimismo los que perpetraron los hechos deben estar conscientes de sus actos y asumir sus responsabilidades.
  • Segundo. La segunda razón está vinculada con el establecimiento y mantención del imperio de la ley. Es fundamental y crucial que quede muy en claro que toda persona está sometida a la ley. El rango y estatus social de los que convirtieron a otros en víctimas no puede tornarlos inmunes a los esfuerzos de la sociedad para enfrentar el pasado. La impunidad no puede ser una opción.
  • Tercero. La tercera razón se articula en torno a impedir futuros abusos. Aunque no podamos prever si los abusos volverán a repetirse en el futuro, podemos intentar comprender lo que ha ocurrido, enfrentar el pasado e intentar evitar una gestión del proyecto que posibilite la repetición de estos hechos.

Michael Ignatieff, en su libro sobre el nacionalismo, escribió: "Los serbios y los croatas nunca iniciaron el proceso de conclusión del pasado, lo reviven una y otra vez."

La mayoría de las veces el hecho de enfrentar el pasado via Comisiones de la Verdad, o sus equivalentes, forma parte de una transición. De una guerra o una dictadura a una situación de posguerra o a una democracia. Muy rara vez existe un "vencedor". En estos contextos, el cometido de enfrentar las injusticias pasadas y las violaciones de derechos humanos se convierte en una tarea tanto ética como política. Esto vale tanto para los políticos como también para los activistas de derechos humanos. Ambos han de enfrentarse con los problemas que nos plantea el presente real, no la sociedad del pasado ni la sociedad con la que soñábamos o seguimos soñando. Hemos de trabajar de todas las maneras posibles en función de las circunstancias en que vivimos.

Moverse dentro de las exigencias éticas y las limitaciones políticas crea dilemas en cualquier transición de este tipo. En Chile las instituciones existentes no tenían capacidad para enfrentar las violaciones de derechos humanos por lo que el nuevo Gobierno creó la "Comisión de Verdad y Reconciliación" precisamente con ese objetivo. He aquí algunos elementos que hemos de considerar en esta experiencia, así como en otras:

  • La Comisión de la Verdad nació de un proceso negociado entre personas, muchas todavía en el poder y que habían sido responsables de la violación de los derechos humanos y el nuevo Gobierno. Este gobierno no era fuerte y operaba bajo el aparato y la Constitución del Gobierno anterior, la dictadura. Sería ingenuo pensar que la Comisión se creó para tratar las necesidades de la víctimas. (Véase artículo en Peace News 2438, págs 16 y 17)
  • Desde un punto de vista ético, el objetivo de trabajar de manera sistemática el legado de atrocidades tiene que ver con reconstrucción moral, es decir, se reconstruye el orden moral que ha sido destruido o seriamente dañado, o bien se crea un nuevo orden moral distinto a los que se recuerdan en la memoria histórica.
  • Mientras que desde un punto de vista ético el objetivo es la reconstrucción moral, desde un punto de vista político el propósito es la maximización. Por maximización entendemos la consecución de lo mejor posible en las circunstancias dadas. Aquí, nuestra energía y contribuciones son fundamentales.
  • Contamos con distintos elementos que se articulan en torno a la verdad; la justicia, el perdón, etc. que nos servirán de herramientas para avanzar en nuestros objetivos paralelos de prevención y reparación dentro del proceso de reconstrucción moral.
  • Perdón y reconciliación. Éstas no son meras palabras. No se pueden exigir, ni se pueden prescribir por ley. Son la conclusión y el resultado de un proceso enraizado en la reconstrucción moral. Veamos los factores comunes a cualquier proceso de perdón, tal y como se desprenden de las principales tradiciones religiosas:
    • dar a conocer la falta,
    • reconocerla,
    • expiarla;
    • que el culpable se comprometa a no volver a cometerla, y
    • que se produzca un resarcimiento.
  • Existe una dualidad entre las víctimas individuales y la nación. Ambos son importantes. Las víctimas y sus familiares merecen respeto y deberían consultadas con la mayor de las consideraciones. Sin embargo en la sociedad el proceso de reconstrucción moral se halla en manos de las autoridades y las víctimas deberían estar conscientes de las limitaciones que impone esta situación.
  • Ninguna sociedad puede reconciliarse sobre la base de una memoria dividida porque la memoria forma parte de la identidad. De ser así la identidad también estaría dividida.
  • Sin verdad ni reconocimiento, la reconciliación no es posible. El resarcimiento es muy importante porque concreta el reconocimiento de la dignidad de la víctima.
  • Los dirigentes y las organizaciones que trabajan con las víctimas deberían ser cautelosos con lo que ofrecen y su alcance. Debe existir coherencia entre lo que se ofrece y se entrega.
  • Las nuevas autoridades políticas deberían estar conscientes de las limitaciones que impone una situación en la que el adversario tiene poder, incluso armado, controla el funciones públicas y/o goza de apoyos políticos. Deben estar conscientes de estas limitaciones pero no deben dejarse amedrentar.
  • Los dirigentes no deberían olvidar nunca que la falta de presión política para plantear estos temas no significa que éstos no estén buyendo en el subsuelo a la espera de saltar a la superficie.
  • Es muy importante que las políticas aprobadas sean sostenibles en el presente y también a largo plazo y, además, que sean lo más transparentes posible.
  • Es muy importante que se actúe rápidamente. Las nuevas autoridades deberían beneficiarse del momento y de la legitimidad que tienen para tomar la iniciativa y proponer políticas.
  • Resumiendo: Las medidas en sí deberían lo más justas posible. La moral se ha de respetar en todas las actuaciones y procedimientos. Si se crea una comisión, todo el mundo debería estar representado.
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