Movimiento de objeción de conciencia, militarismo y género en Turquía

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Regresar a Objeción de Conciencia: Una guía práctica para los movimientos

Ferda Ulker, una de las primeras mujeres turcas en declararse objetora de conciencia, escribe acerca de la intersección entre género y militarismo en el contexto particular de la sociedad turca, aunque sus reflexiones también son aplicables de forma más amplia a cualquier sociedad patriarcal y militarizada, es decir, a la mayoría de las sociedades, si no todas.

El tema de este artículo es la importancia de la concienciación de género en los movimientos por la objeción de conciencia. Sin embargo, antes de examinar la base del problema, es ilustrador tocar el tema del significado y la importancia de la objeción de conciencia de las mujeres, en este caso a través del prisma de la experiencia turca: el concepto de género es un área a la que se han dedicado una gran cantidad de reflexiones, aunque más por parte de activistas feministas y lesbianas, gays, bisexuales y transexuales (LGBT) que por parte de grupos mixtos.

La objeción de conciencia no es un tema que concierna solo a los hombres. Cuando cambiamos nuestra perspectiva y observamos el fenómeno de la objeción de conciencia desde un punto de vista más amplio, podemos entender por qué se trata de un tema que concierne también a las mujeres. Las definiciones de objeción de conciencia normalmente se centran en el rechazo a realizar el servicio militar obligatorio, sin embargo, y en el caso de Turquía, no existe un servicio militar obligatorio para las mujeres. Por esta razón, a veces no se entiende por qué las mujeres se convierten en objetoras de conciencia. De hecho, la misma pregunta, desde una perspectiva diferente, puede ser relevante también para los hombres. Ser objetor de conciencia no es la única manera de no servir en el ejército que está abierta a los hombres. Además, la objeción de conciencia tiene algunos aspectos que les complican la vida. Este proceso -que llamamos "muerte civil"- obstruye la vida social de los objetores de conciencia y les impide actuar libremente. Pero en vez de convertirse en objetor, un hombre puede elegir otros caminos, como trabajar en el extranjero, vivir como un desertor o retrasar su servicio militar para cursar durante largo tiempo una carrera académica y, durante este periodo, obtener una "exención pagada del servicio militar", como ha ocurrido en alguna ocasión. Sin embargo, los objetores no eligen estos medios. El ejemplo más claro es que el principal argumento para la objeción de conciencia no es otra cosa que la dicotomía entre servir o no en el ejército. Fundamentalmente, la objeción de conciencia implica un cuestionamiento de las estructuras militaristas dentro de la sociedad, sin importar el género de quien objeta.

La objeción por parte de mujeres no es un fenómeno que surja de su "naturaleza pacífica" innata. Esta concepción, además de cualquier argumento político en contra, es contraria a los hechos científicos. Las mujeres pueden basar sus decisiones políticas tanto en la paz como en la guerra. En ocasiones se asegura que las mujeres son inherentemente pacíficas debido a su maternidad, pero incluso si esto fuese cierto, nadie puede convertirse automáticamente en madre solo por ser mujer, de modo que las mujeres no pueden ser consideradas automáticamente "pacíficas". Esto no solo se aplica a las mujeres: nadie nace con unas preferencias políticas. Pero las mujeres, y (otras) personas LGBT, están particularmente familiarizadas con el concepto de militarismo, que se basa en la sumisión, en cuerpo y alma, a la voluntad de otro. Siempre hay también un intento de conseguir ese tipo de control por parte del patriarcado y los roles de género. La principal expectativa del militarismo sobre los hombres reclutados es similar. El objetor de conciencia Vedat Zencir declara que los "objetores de conciencia perciben el servicio militar como un suicidio del individuo".

El ejército, así como el servicio militar, como uno de los aspectos del militarismo, es solo la punta del iceberg. De hecho, bajo la superficie del agua se esconde la militarización invisible. Esta parte invisible es el motor de la militarización visible, es decir, las fuerzas armadas y el servicio militar, y está integrada dentro del tejido social. Un movimiento de objeción de conciencia que no tenga en cuenta esta dimensión deja su lucha incompleta. Cuando se cuestiona la parte invisible del iceberg, la objeción de conciencia, como acto político, adquiere mayor reconocimiento y práctica. Dentro de esta concepción y práctica, la objeción de conciencia de las mujeres y (otras) personas LGBT se vuelve más comprensible. En la parte invisible del iceberg también nos enfrentamos a hechos sociales, como el patriarcado o los roles de género, que sustentan el militarismo.

El patriarcado trata de crear formas opresivas de pertenencia al ignorar la voluntad de los individuos sobre sus propios cuerpos y sexualidades. Una de las prioridades de los movimientos feministas y LGBT es a menudo la protección tanto del cuerpo como de la identidad. El militarismo no puede tolerar nada que vaya contra él. Del mismo modo, el patriarcado no puede tolerar a las mujeres ni a ninguna otra voluntad basada en la mujer. Se considera como una amenaza. Es una pesadilla tanto para el militarismo como para el patriarcado. Debe permanecer bajo vigilancia, controlada, y cualquier concienciación debe ser combatida. Cualquier rechazo hacia las formas obligatorias y opresivas de pertenencia tiene como resultado la exclusión social. La "alteridad" que se crea a través de este sistema patriarcal alimenta la hostilidad y el miedo. En consecuencia, el colectivo LGBT, los objetores de conciencia y las mujeres que voluntariamente se enfrentan a ser "alterizadas" por la sociedad, a menudo pueden entenderse entre sí. La red de solidaridad del movimiento por la objeción de conciencia contra la exclusión social y la alteridad tiene una importancia vital.

En Turquía, la MADRE patria es el motivo que se aplica con mayor frecuencia a esa preocupación fundamental de todos los milita-res: la "protección de la integridad territorial". La patria es madre, mujer y honor, y ¡el honor debe protegerse! De hecho, este honor es supuestamente tan importante que su protección no puede dejarse en manos de las mujeres. De nosotras se espera que seamos las "heroicas madres" de los soldados que son enviados al campo de batalla y demos a luz a esos niños en primer lugar. Se espera que seamos lo suficientemente patrióticas como para sacrificar a esos hijos por la patria y para aplaudir a quienes vencen en su lucha contra la patria de otros. La violación se considera legítima si se perpetra en territorio "enemigo", pero es una "pérdida de honor" si ocurre en el propio territorio. Eso es algo que afecta principalmente a las mujeres. Se les puede incluso llegar a pedir que "satisfagan" a los soldados sexualmente. Estas demandas inmorales del militarismo pueden interpretarse como la cooperación entre el militarismo, el patriarcado y los roles de género.

La sociedad militarista es inmoral por su autoritarismo y su jerarquía. Un ejemplo de su estructura lo podemos encontrar en el hogar. El padre es el comandante, mientras que los demás miembros, jerárquicamente según la edad, son los soldados. Los comandan-tes/padres, cuyas órdenes son ejecutadas sin ningún cuestionamiento, son las figuras más prominentes. Los cuerpos y la sexualidad de las mujeres están a las órdenes de sus maridos/padres. No importa la voluntad de la mujer: se trata de un deber que hay que cumplir a rajatabla y en el momento en que el comandante lo requiera. ¿Quién puede hacer eso sin renunciar a su propia identidad? Nadie. En una familia que le da especial importancia a los hijos, estos solo son acepta-dos como "hombres de verdad" tras haber realizado el servicio militar. De hecho, cada casa es un pequeño cuartel. En Turquía, la gente "no casa a sus hijas con un hombre que no hayan realizado el servicio militar". Un hombre solo puede ser visto como un "hombre de verdad" y casarse si realiza el servicio miliar. Según esta concepción, se espera que el hombre actúe como un comandante militar para su mujer y sus hijos. Por tanto, la situación no es diferente de la militar en su casa y, aunque el retrato que pintamos es el del hogar turco, muchas mujeres se identificarán con partes de esta experiencia, incluso en sociedades menos militarizadas en las que las mujeres están ahora supuestamente más emancipadas.

Las escuelas, que son el primer lugar "oficial" de socialización de los niños, funcionan también según el orden militar. La primera cosa que aprendemos, antes que el alfabeto, es a obedecer órdenes. Desobedecerlas conlleva un castigo. Este método implica principalmente violencia y funciona como el método que destruye la individualidad de un soldado. Se espera que obedezcamos sin cuestionar. Es más, las calles pueden indicarnos lo militarizada que está una sociedad. Las calles y parques se nombran en honor a "mártires". Se levantan estatuas a estos "mártires" en las plazas de las ciudades. Grandes zonas de las ciudades, principalmente en el centro, están rodeadas de alambra-das. No solo está prohibido entrar a estos edificios, sino que incluso tomar una fotografía está prohibido. En los hogares, en las calles, en el trabajo: ¡¡¡el militarismo está en todas partes!!!

El patriarcado colabora con el militarismo. Dentro de este sistema que pone a los hombres en el centro, las mujeres tienen un papel secundario. En el patriarcado, quienes tienen el derecho de hablar son los hombres. Es un mundo que mantiene a las mujeres relegadas al fondo, aun cuando desempeñan tantas tareas. El militarismo, como sistema patriarcal, no solo ignora a las mujeres. También ignora a la gente LGBT (incluidas las mujeres LGBT, por supuesto). La atracción por personas del mismo sexo se considera una enfermedad que debe ser tratada. La gente que se siente atraída por su mismo sexo se expone a la exclusión social como resultado de los informes de ineptitud ("informes podridos") del militarismo en Turquía, que se entregan a los hombres gays, bisexuales y discapacitados para eximir-los del servicio miliar (véanse los dos capítulos siguientes). Además, la gente LGBT no es aceptada por el sistema patriarcal como un aspecto natural de la vida social. Mientras que las mujeres se consideran elementos de los que se pueden hacer cargo "de algún modo", la atracción sexual entre hombres pone en cuestión la hombría y rompe el orden establecido. Tanto el militarismo como el patriarcado temen a las mujeres, sean o no LGBT. Pero también temen a los hombres LGBT y a la gente con identidades sexuales no binarias, que amenazan los conceptos de "virilidad" y "feminidad" tal y como los define el sistema.

Los roles de género colaboran con el militarismo. El género es un fenómeno social que utiliza el sexo que se nos asigna al nacer como base para los roles que se nos enseñan y que se espera que aceptemos sin rechistar. El enfoque del patriarcado, que pone en primer lugar a los hombres, crea un modelo de ser mujer u hombre en función de los roles de género. Además, se espera que este enfoque se acepte de forma ciega. Cuestionar esos roles impuestos de forma coercitiva desbarata el orden social. Durante la distribución de estos roles, a los hombres se les asocia con la autoridad y con la esfera pública, mientras que a las mujeres se las asocia con la "esfera privada" y la falta de autoridad. Todo el dominio social de la vida se estructura de acuerdo a estos modelos. Lo que esto significa para las mujeres es la carga de todas las labores domésticas, del cuidado de los niños y los mayores y de la obediencia al cabeza de familia, el "comandante".

¿Qué nos indican los roles de género? Determinan lo que podemos y no podemos hacer como hombres o mujeres. Nuestro trabajo, los sitios a los que podemos ir, la ropa que podemos llevar, nuestros juguetes, quiénes pueden ser nuestros compañeros íntimos, dónde y cómo podemos reír, cuándo y cómo podemos implicarnos en la vida pública, etc., etc. La sociedad ya lo ha determinado todo para nosotros de acuerdo a si se nos ha definido como "hombre" o "mujer". Lo único que podemos hacer es encajar en estos roles. El mismo mecanismo de control que se establece sobre las mujeres a través de los roles de género puede verse en las relaciones entre superior-subordinado de los miembros pertenecientes a diferentes rangos en las fuerzas armadas. Al igual que las mujeres, los subordinados no tienen derecho a hablar. Tienen que obedecer órdenes sin cuestionarlas. Sin la hegemonía de la violencia, ni los roles de género ni el militarismo pueden mantenerse. Debe existir un miedo constante para poder mantener "el sistema".

Los conceptos fundamentales del militarismo son: la jerarquía, la autoridad, el poder, la obediencia incondicional y la cadena de mando. Nos encontramos con todos ellos en el patriarcado, así como en sus roles de género. El militarismo, el patriarcado y los roles de género constituyen las esquinas de un triángulo, pues tienen una importancia crucial para mantenerse los unos a los otros. Por supuesto, no hay lugar para las mujeres y (otras) personas LGBT en estas esquinas. Estar dentro del triángulo y desempeñar los roles que nos han sido asignados como mujeres es extremadamente importante. De hecho, se considera que todo es en nuestro "honor".

Al militarismo le asustan las mujeres y quiere mantenernos controladas a través del patriarcado y los roles de género. Resulta natural que un sistema que se sostiene sobre los cuerpos y las sexualidades de las mujeres sea combatido por un movimiento cuyos miembros más activos son las mujeres.

Si el movimiento de objeción de conciencia quiere tener integridad y coherencia, necesita el feminismo y el movimiento LGBT, ya que ambos persiguen cuestionar y transformar los roles de género junto con los conceptos fundamentales del militarismo antes enumera-dos. Los movimientos de objeción de conciencia destapan y rechazan la ficción del mundo masculino. Las luchas antimilitaristas y, en particular, los movimientos de objeción de conciencia, deben estar concienciados con el género, como ya saben. En Turquía, tanto las mujeres como los hombres objetores de conciencia, especialmente durante la década de 1990, han perseguido la rebelión no solo contra lo militar, sino contra la militarización de la sociedad. Un buen ejemplo de esto es la iniciativa "No Somos Hombres", iniciada por hombres. El movimiento de objeción de conciencia, dice "no" a la estructura jerárquica, masculina y autoritaria del militarismo y declara que el movimiento continuará, si es necesario, solo con la gran influencia de la conciencia, no puede no estar concienciado con el género.

Nosotras, las mujeres, las otras de la sociedad, nosotros, objetores de conciencia, y nosotros, las personas LGBT, podemos crear un mundo que nos incluya solo por medio de la solidaridad y el apoyo mutuo. Es posible abstenerse "de alguna forma" de servir en el ejército. Sin embargo, no es posible escapar del mundo militarista que nos suprime y regula a todos, especialmente a las mujeres. En ese caso, lo que podemos hacer es luchar y hacer que algo cambie. Otro mundo siempre es posible.

(Quisiera dar las gracias a Asli, Aynur, Ayse, Canan, Gulsen, Vedat. Me llena de alegría tener su apoyo.)

Ir al siguiente capítulo: El rol de los objetores de conciencia LGBT y mujeres en Turquía

 

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