Las políticas de los movimientos guerrilleros: ¿un motor para la igualdad de género?

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A woman with her back to the camera aims down a rifle
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Author(s)
Beatriz Pimenta Klein

La violencia femenina siempre ha atraído la curiosidad. Desde el mito griego de Medusa hasta el fenómeno de la viuda negra, durante siglos los hombres se han preguntado qué podría convertir a sus encantadoras compañeras en tan violentas extraterrestres. Desde la sexualidad desviada, hasta la irracionalidad y la emotividad, se han ofrecido muchas explicaciones para intentar explicar este extraño fenómeno: la violencia cometida por las mujeres.

Lejos de ser natural, la diferencia entre el comportamiento masculino y el femenino es una forma de socialización reiterada, lo que significa que las características que normalmente se entienden como "masculinas" (por ejemplo, la agresividad y la competitividad) son una normalización colectiva de determinados comportamientos. No es la condición masculina la que confiere a los hombres estas formas de despliegue de emoción y personalidad, sino la asociación cultural que se hace entre los hombres y la masculinidad la que asigna a los hombres estos papeles y privilegios.

Las mujeres sólo recientemente han sido aceptadas como ciudadanos con derechos. Históricamente, las mujeres estaban restringidas a las esferas privadas de la sociedad civil. Por lo tanto, la violencia cometida por las mujeres es un fenómeno históricamente entendido como antinatural y políticamente inaceptable. Los hombres, sin embargo, están estructuralmente justificados para participar en actividades violentas. Consuetudinaria e históricamente, 1) sólo los hombres tienen derecho a participar en el ejército; 2) el entendimiento común del comportamiento estándar es que los hombres son naturalmente agresivos, etc.

Estas construcciones sociales de género son estructuras poderosas que han dado forma a nuestras sociedades y, en consecuencia, al Estado. Así pues, las instituciones militarizadas están estrechamente relacionadas con la construcción de la masculinidad (en contraposición a los valores atribuidos a la feminidad). Según el libro de Cynthia Enloe "Maneuvers: The International Politics of Militarizing Women's Lives", los valores arraigados en las instituciones militares son los que se difunden en la sociedad cuando se produce el fenómeno de la militarización: "[el grupo social militarizado] pasa a ser controlado por, dependiente de, o deriva su valor de los militares como institución o criterio militarista". La militarización tiene lugar cuando el conflicto armado está en el horizonte, y significa una preparación logística y cultural para la violencia que se avecina.

Derivado de este último concepto, el proceso de militarización impone determinadas actuaciones de género que son anormales para el funcionamiento habitual de dicho grupo social. En los conflictos armados, los roles de género se refuerzan de maneras que pueden ser notablemente perjudiciales para las mujeres.

En este artículo se ilustrará y ampliará la comprensión del fenómeno de la participación de la mujer en la violencia política ("violencia política" se entiende en este artículo como un continuo de posibilidades de confrontación violenta, que incluye el conflicto armado, el terrorismo, la guerrilla y también otras formas de manifestaciones de violencia política), y se analizará el militarismo como instrumento para lograr objetivos políticos/sociales. Para ello, me basaré en las experiencias de las mujeres guerrilleras de las FARC-EP (Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia-Ejército del Pueblo) y del PKK (Partido de los Trabajadores del Kurdistán)/PYD (Partido de la Unión Democrática)/YPJ (Unidades de Defensa de la Mujer).

Las mujeres guerrilleras

En el mundo académico hay muchas explicaciones para el estallido de conflictos civiles: desde el binarismo de la codicia/queja, hasta el concepto de Estados fallidos/frágiles. Otra posible explicación es la desigualdad de género como fuerza impulsora de las oleadas y la continuidad de los conflictos internos.

Tanto el conflicto kurdo como el colombiano han estallado en escenarios de democracias frágiles y alta vulnerabilidad económica, por lo que los movimientos guerrilleros representan alternativas a las comunidades desfavorecidas. Teniendo en cuenta el hecho de que las mujeres experimentan mayores niveles de privación económica, es evidente que las mujeres son especialmente vulnerables a las campañas de reclutamiento de los grupos guerrilleros, más allá de las motivaciones ideológicas (de inspiración marxista-leninista).

La vulnerabilidad socioeconómica y el compromiso ideológico son buenas explicaciones para las mujeres que participan en los movimientos guerrilleros. Sin embargo, no son exhaustivas: la condición de mujer en las sociedades kurda y colombiana es también una fuerte motor de la adhesión femenina en esos grupos. Esto no sólo se debe a la (falta de) oportunidades disponibles para las mujeres en otros lugares. También se debe a la falta de seguridad que experimentan debido a creencias y prácticas sexistas, como los roles tradicionales de género con respecto al matrimonio y la familia, la represión sexual, la violencia de género, la falta de educación, etc.

FARC-EP

El compromiso con los grupos guerrilleros permite muchos niveles de agencia que no serían alcanzables para las mujeres en otras circunstancias. Estas organizaciones son, en muchos sentidos, un refugio para las mujeres. En su artículo "'Como ir a una fiesta' - el papel de las mujeres combatientes en las FARC-EP de Colombia", Herrera & Porch explicaron que "para muchas jóvenes, las FARC ofrece un santuario alejado del abuso físico y verbal, ocasionalmente sexual, las empodera a través de las armas, les asigna roles y tareas definidas que les permite una medida de control sobre sus vidas".

Desde 1985, el Estatuto de las FARC-EP contiene una cláusula que prevé la igualdad de trato entre mujeres y hombres dentro de la guerrilla. Junto con la pena de muerte para los delincuentes sexuales, estas políticas ciertamente animaron a las mujeres a unirse al movimiento. Sin embargo, estas prácticas discursivas no significaban ningún tipo de neutralidad de género o de liberación de la mujer, sino más bien una forma de masculinización de las mujeres combatientes. Como señala Méndez, los rasgos femeninos sólo eran deseables en determinadas circunstancias privadas/intimas: "Algunos aspectos tradicionales de la feminidad se militarizan e incorporan, y las mujeres navegan un espacio que les exige imitar a los hombres (por ejemplo, en el combate) mientras mantienen ciertos rasgos que se creen "naturales" para las mujeres".

Por lo tanto, la realidad es que mientras que el 40% de los combatientes colombianos eran mujeres, sólo dos mujeres combatientes ocupaban altos cargos jerárquicos en 2007. El alto mando del grupo circunscribió a las mujeres a determinadas funciones, impidiéndoles evolucionar dentro de la guerrilla.

Los testimonios de las ex combatientes de la guerrilla muestran que la participación de las mujeres en las FARC-EP no produjo ningún tipo de cambio en las estructuras sociales colombianas, especialmente en lo que respecta al género. Tras el acuerdo de cese el fuego de 2016, la sociedad colombiana entendió la participación de las mujeres en la guerrilla como un capítulo pasado de sus vidas, y ahora se esperaba que las mujeres volvieran a sus antiguos roles de género. Como declaró Teresa, una ex combatiente colombiana, sobre la cuestión de la reintegración: "El hombre da órdenes, donde el hombre impone sus leyes... Estoy acostumbrada a dar órdenes ... por lo que es difícil para nosotras. " (Herrera y Porch, 2008, pág. 628).

PKK/PYD/YPJ

La condición femenina es también una fuerza que impulsa la adhesión a la guerrilla kurda. Sin embargo, en una nota diferente a la de las FARC-EP, en el PKK y sus ramas posteriores, el PYD y su rama, el YPJ, es la ideología, más que el contexto socioeconómico, la que juega un papel muy atractivo en la adhesión.

Aliado con una crítica a la lucha de clases de orientación marxista, el grupo, bajo su líder Öcalan, cree que la opresión de género es la primera de todas las diferenciaciones sociales. Desde el Congreso del PKK de 1995, el grupo utilizó el nuevo lema "la revolución es femenina", como ilustra la siguiente cita de Öcalan citada en Duzgun:

"El nivel de libertad e igualdad de la mujer determina la libertad e igualdad de todos los sectores de la sociedad. Para una nación democrática, la libertad de la mujer también es de gran importancia, ya que la mujer liberada constituye una sociedad liberada. La sociedad liberada constituye a su vez una nación democrática. Además, la necesidad de invertir el papel del hombre es de importancia revolucionaria".

El ideal de liberación de las mujeres del grupo se conoce como jinealogía, un término que resume la necesidad de la emancipación de la mujer como requisito previo para la liberación kurda: la jinealogía es la creencia de que desmantelando el sistema patriarcal, surgirá una sociedad totalmente nueva. De acuerdo con el artículo de Pinar Tank "Las mujeres kurdas en Rojava: De la resistencia a la reconstrucción", esta ideología ha permitido la creación de numerosas políticas en todo Kurdistán, como la criminalización de "los matrimonios forzados, la violencia doméstica, los asesinatos por honor, la poligamia, el matrimonio infantil y el precio de la novia". También ha instituido el principio de la copresidencia (una mujer y un hombre que comparten el mismo cargo de gobernador) y el requisito de que el 40% de las mujeres participen en una votación para cualquier decisión social que se adopte en las asambleas populares.

Los testimonios de las mujeres combatientes reafirman con fuerza los objetivos ideológicos del grupo guerrillero. Es interesante que no sólo las mujeres combatientes incorporaron la liberación de la mujer como objetivo, sino también los hombres, como señaló el combatiente varón Karim, de 42 años, cuyo testimonio fue recogido por Damon:

"Al principio no queríamos aceptarlo. Las mujeres por naturaleza son físicamente más débiles, y en la guerra eso te golpea como un bumerán. Necesitas ver la forma en que peleas, la forma en que te mueves. Así que estábamos en contra de esto. No queríamos que las mujeres estuvieran con nosotros porque hace que el combate sea más duro para nosotros. Pero Ocalan dijo en su libro, si realmente estamos tratando de crear una nueva sociedad, tenemos que desarrollar a las mujeres. Si las mujeres son esclavizadas, entonces también lo son los hombres."

La conclusión es que tanto la mentalidad masculina como la femenina han cambiado desde el ascenso de la guerrilla kurda, alterando sustancialmente las estructuras sociales de la comunidad. Sin embargo, es esencial cuestionar si esta transformación sólo se pudo haber logrado "a punta de pistola".

Las consecuencias del militarismo

Reconocer el efecto perverso del militarismo en las sociedades es una lente importante a través de la cual se puede cuestionar la necesidad de la guerrilla para lograr la igualdad de género. La agenda tradicional de investigación sobre conflictos se ocupa del análisis a nivel macro: soberanía, capacidades militaristas, poder duro/blando... Este es el enfoque militarista, una mentalidad establecida que normaliza la recurrencia a la guerra para resolver los conflictos. Pero en la vida real, ¿cómo afectan la militarización y los conflictos armados a nuestras vidas?

Los conflictos armados son sistémicos; implican un complejo conjunto de dinámicas e interacciones entre las personas. Los conflictos armados tienen que ver con las identidades de género militarizadas; la violencia derivada del conflicto genera problemas con la migración y sus consiguientes refugiados; los conflictos repercuten en los sistemas económicos nacionales e internacionales, afectando a la producción, el empleo y el consumo; y la propia militarización, como proceso en el que toda una sociedad está imbuida de valores militarizados (imbricados en el sexismo, la agresividad, la dependencia de un fuerte gasto en armas), es un problema cíclico dentro y por encima de los conflictos armados.

Asumir valores antimilitaristas nos permite cuestionar la manera en que se perseguía la igualdad de género dentro de la sociedad kurda. Las iniciativas políticas de los grupos son de gran valor, aunque deberían poder desprenderse de un liderazgo militarista.

Lecciones

Con este breve artículo pudimos ver cómo los roles de las mujeres dentro de las FARC-EP han permanecido inalterados. La mentalidad de los hombres hacia la igualdad de género, tanto dentro del grupo guerrillero como en la sociedad civil, no ha cambiado, aunque las reglas del grupo teóricamente preveían la equidad entre sus combatientes masculinos y femeninos. La participación de las mujeres en la guerrilla no afectó mucho a las estructuras sociales colombianas.

Por otra parte, con la estructura ideológica de la jinealogía, la guerrilla kurda intentó un cambio estructural dentro de su sociedad. La participación de las mujeres en el PKK/PYD/YPJ supuso una especie de emancipación, y ese logro no se limitó al ámbito del grupo. De hecho, se puede decir que la sociedad kurda se caracterizó positivamente por las políticas e ideología aplicadas por el PKK/PYD/YPJ. Sin embargo, nunca es suficiente para abordar la cuestión de que, aunque estos grupos están replanteando de manera innovadora los papeles de los géneros en sus sociedades y alterando de hecho las estructuras tradicionales, esto no debe tomarse como un modelo que pueda reproducirse en otros lugares, dadas las diversas consecuencias del militarismo.

El antimilitarismo y el feminismo son movimientos cercanos, por lo que seguramente se pueden replantear las cuestiones de género en las zonas de conflicto sin que se repita la violencia militarista. El concepto mismo de militarismo está incrustado en prejuicios sexistas, por lo que es un punto de partida relevante hacia un cambio estructural de la sociedad de cara al futuro, tanto para los valores feministas como para los antimilitaristas.

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Información del autor

Beatriz Pimenta Klein es una estudiante brasileña del programa de Master en Estudios de Seguridad Internacional de la Scuola Sant'Anna/Università degli Studi di Trento

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Beatriz Pimenta Klein es una estudiante brasileña del programa de Master en Estudios de Seguridad Internacional de la Scuola Sant'Anna/Università degli Studi di Trento

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